Bar Manolo, una especie en peligro de extinción

Los bares ‘Manolo’, la categoría atóctona de bar dominante, gozan de una mala fama muchas veces merecida. Sí, puede que lleves razón: mesas con restos de comida de clientes del año pasado, tapas del Pleistoceno en su mostrador, un lomo con queso de plástico requemado y malos olores están al orden del día. Pero ni todo el monte es orégano ni to lo blanco es harina. En Anarquía VIP hemos encontrado baretos de los de toda la vida, de esos cuyas paredes han visto pasar varias generaciones y aun así todavía conservan ese aire añejo y familiar que nos sigue cautivando. Sus camareros te tratan como en casa, la cerveza raras veces pasa del euro y medio y, además, preparan comida casera y deliciosa. No busques más. Aquí nuestro ránking con los cinco mejores bares ‘Manolo’ de la capital.

El Palentino –calle del Pez, 12–

Clásico entre los clásicos, sirve tanto para el día como para la noche. Probablemente sea uno de los bares más castizos de Malasaña, ese donde clientes de toda la vida brindan con rubias Erasmus. No es de extrañar pues las copas están a 3,5 €. El Palentino ha visto pasar varias generaciones de jóvenes y no tan jóvenes fans de la cerveza barata y de los bocatas a pocos euros. Nadie mejor que el veterano camarero que lo regenta para contarte todo acerca de las batallas que en él se han vivido. Eso sí, si has pensado en pasarte viernes o sábado por la noche más te vale llegar pronto y hacerte un hueco cerca de la barra o no pillarás… cerveza, claro.

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Bar Camacho –calle de San Andrés, 4–

Juan Madrid lo menciona en sus novelas ‘Bares nocturnos‘ y ‘Los hombres mojados no temen la lluvia‘. Desde su apertura en 1929 como almacén de aguardiente el Camacho sirve vermú de Reus a la antigua usanza, tanto que en invierno puede llegar a tirar 900 litros cada quince días. Pero no conformes con eso, allá por los años 80 decidieron reinventarse con los yayos. Entre sus ingredientes: casera, ginebra y vermú; una combinación a simple vista apta para hígados poco entrenados que engaña, pues a partir del tercero empiezas a sentir el mundo a tus mpies. Algo tan castizo no ha pasado desapercibido a los ojos de trendsetters de todo el mundo. Y es que, el bar Camacho está presente hasta en guías australianas. Si llegas con el estómago vació toma nota de sus pinchos clásicos: bonito en escabeche, pepinillo con anchoa, berenjena de Almagro y anchoa en salazón. Que aproveche.

El Almendro 13 –calle del Almendro, 13–

Excuse me, where can I take the best ‘huevos rotos’? En el Almendro, mi alma. Eso y las roscas, junto con su solera, lo han convertido en uno de los clásicos de la capital, en pleno barrio de La Latina, para reponer o preparar el estómago tras una noche de fiesta o antes de una tarde con amigos. Ni se te ocurra pedirte un refresco porque posiblemente más de uno se ría en tu cara. El Almendro es un bar de principios y sólo sirve cerveza, vino o mosto; como debe ser. Un consejo: ármate de paciencia porque se llena muchísimo. Aún así, bien vale una visita… o dos, tres o las que hagan falta.

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Bar Melo’s –calle del Ave María, 44–

Melo’s es más: más castizo, más hipster, más cool que todo lo que puedas imaginar en Lavapiés. Famoso por sus ‘Zapatillas': pan de hogaza a la plancha relleno de lo que quieras, este es uno de esos bares en los que no pondrías un pie de no ser porque alguien te lo ha recomendado. En su carta no faltan las mejores croquetas de todo Madrid, empanadas, pimientos del padrón, comida casera, tradicional y gallega –en todos los sentidos: en el del gusto y en el de la abundancia–. Las raciones del Melo’s son bastante considerables, tanto que te recomendamos compartirlas. Un consejo: no puedes irte sin probar la zapatilla de lonchas de lacón y queso de tetilla. Ah, y ni se te pase por la cabeza madrugar para visitarlo porque solo abre por la noche.

Bodegas Rivas –calle de La Palma, 61–

No solo en sus paredes se respira tradición; también en su mobiliario y, lo más importante, en su vermú. Bodegas Rivas es otro de esos bares, cuna del orgullo cañí, en los que podrías encontrar brindando a hipsters con marujas. Lleva en pie en pleno barrio de Malasaña desde 1923 y todavía conserva los mismos azulejos y la misma barra de aluminio de cuando se vendían vinagre y vino a granel. Entre su mobiliario, cuatro enormes barriles que, en días de partido, suelen ejercer de mástil para banderas, casi siempre merengues; porque Bodegas Rivas es un bar de y para futboleros, pues es ideal para ver un partido gracias a la disposición de sus mesas y a los dos televisores en lo alto de las dos mejores esquinas del bar que hacen que no se te escape ni un solo gol. El canapé de salmón con cabrales es de lo más solicitado, aunque el éxito de la casa sigue siendo el de anchoa en salazón.

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